DE VUELTA AL NUEVO MUNDO: BATALLA PARÍS.

En Leonberg, Alemania, esperando mi ride, muerta del susto.
Rohrwiller, Francia, nuestra primera parada.
Manifestaciones contra la reforma al sistema de pensiones en Paris, 2019.

Cuando te preparas para un viaje o para cualquier situación en la vida, corres el riesgo de que suceda cualquier cosa, incluso la menos esperada. A veces, tener un plan, ser ordenado y tomar precauciones, no te sirven de nada porque sencillamente hay cosas que no puedes controlar. Sin embargo, en estas situaciones de descontrol es donde más aprendes,  pones en práctica lo que sabes, te demuestras de lo que estás hecho y de lo que eres capaz.

Al final de diez días paseando por Europa (París, Amsterdam y Stuttgart) , comiendo, caminando y conociendo lugares increíbles,  llegó el momento menos esperado: volver a casa. El  vuelo sería el sábado 7 de diciembre en horas de la mañana y debía  volver a París para mi retorno. Partiría en tren desde Stuttgart y cinco horas más tarde llegaría  a París, donde había la posibilidad de pasar la noche en un hostal o en el aeropuerto. Tomé la decisión de volver a París desde el viernes debido a mi terrible temor de tener algún contratiempo y por ende perder el vuelo. Y puede que ahora parezca un poco exagerado,  pero quién sabe qué hubiese sido de mí si no tomo esta decisión.

Ese viernes me levanté bien temprano para que mi amigo Gustavo me llevara hasta la estación del metro que me llevaría hasta Stuttgart, allí tomaría finalmente el tren para ir a París. Por estar un poco sobre el tiempo, estaba muy asustada de perder el tren. Llegamos cerca de la estación, me despedí de Gustavo nuevamente, bajé mi maleta y me fui corriendo.

El invierno que pronto se acercaba, ya se sentía y el día amaneció arropado en una niebla, frío y con un poco de hielo en el pavimento. Apresure el paso para entrar a la estación, pero antes tenía que pasar por un túnel que estaba bajo construcción. Entrando al túnel había una pequeña rampa, donde mi pie se resbaló y caí de cara al suelo, me paré rápidamente y seguí caminando. Sentí un ardor en la mejilla y en la rodilla derecha, pero no tenía tiempo de preocuparme por eso.

La rodilla afectada en la caída.

Tomé el metro y por fin llegue a Stuttgart, aún corta de tiempo, comencé a buscar el tren a París como loca pero no daba con él y tampoco daba con alguien que hablara Inglés o Español. El tiempo se estaba agotando y yo agonizaba. Aún tenía todo un día para solucionar  la llegada a París si lo perdía, pero  yo no quería que eso pasara. Cuando finalmente encontré a alguien que me ayudara mi corazón se paralizó: el tren a París había sido cancelado. La peor de mis pesadillas se hizo realidad.

¿Qué carajos iba hacer? ¿Cómo se suponía que iba a llegar a París? Que no cunda el pánico… lo siento… ya es muy tarde…

Lo peor del caso no fue que mi tren fuera cancelado, sino que todos los trenes a París habían sido cancelados. Y te preguntaras por que? He aquí el contexto de la situación: los ciudadanos estaban descontentos debido a las reformas al sistema de pensiones que Emmanuel Macron, su actual presidente, quería implementar. Esto conllevó a una masiva huelga que paralizó la capital. Los sectores que más se pronunciaron fueron los de transporte y educación, teniendo como consecuencia: 14 de 16 líneas de metros cerradas, solo el 50% de los autobuses circulando, 1 de cada 5 trenes circulando en todo el territorio y el 12,5% de los profesores sin acudir a su trabajo.

Le avise a Gustavo en los aprietos que estaba y luego llamé a mi mamá para llorar. Traté de mantener la calma, pero fue muy difícil, por primera vez en un año de haber estado viviendo en otro país, me sentía sola, perdida, angustiada. Comí algo y con la mente más clara traté de encontrar una solución…

Cuando me estaba preparando para ir a Europa, lo que más estudié fue el transporte: de día, de noche, en Francia, en los Países Bajos, en Alemania. Miré horarios: hora del primer tren, hora del último tren, buses, metro. Precio de un uber o un taxi en caso tal de que lo necesitara. Medios de transporte alternativos: bicicleta, scooter, barcos, ferrys y también encontré una aplicación llamada “Blablacar”, jamás había escuchado el nombre, pero recuerdo que una de mis profesoras de Francés en la universidad nos habló de algo parecido.

…gracias a Dios Gustavo me siguió ayudando y encontró un chance en blablacar para poder llegar a París. El arregló todo y luego me envió la información. Había una señora que viajaba después de almuerzo a París y debia trasladarse a un pueblo vecino para encontrarme con ella. 

La campaña francesa. Atravesando el parque natural regional de los Vosgos del norte.

La aplicación “Blablacar” consiste en “dar chances” cuando viajas de una ciudad a otra, el conductor por lo general va solo o tiene asientos libres en el carro. Si eres un conductor, en la aplicación te registras y colocas el lugar de salida y el destino. Si eres un pasajero, buscas en la aplicación el conductor que más te convenga. Acuerdan un punto de encuentro y pues obviamente pagas por el chance, el cual es bastante económico. 

En mi itinerario no tenía pensado usar este medio de transporte, a pesar de que me instruí muy bien sobre la aplicación, sentí temor de utilizarla, pero las circunstancias muchas veces nos obligan a cambiar de opinión. 

Cuando había quemado suficiente tiempo, tomé el tren al pueblo donde me encontraría con la señora. Gustavo me dió su número y me dijo que el carro era café, pero eso no era información suficiente para identificarla. Decidí enviarle un mensaje, pero nunca me respondió. Eso me desesperó. Me senté en esa estación, con “Anna” en las manos y rezando para que nada malo pasara y poder llegar a París. Cuando la hora llegó, me paré en el andén en las afueras de la estación, con los ojos bien abiertos para no dejar pasar mi chance. Llegó puntual, me identificó, parqueó, se presentó, me ayudó con las maletas y comenzamos nuestro viaje hacia París. Mis miedos se disiparon al subir al carro, comencé a hablar con ella y me propuse a disfrutar del viaje.

Soy muy buena recordando caras pero con los nombres soy fatal, por ende no recuerdo su nombre. Sin embargo, esta señora de estatura mediana, entre los 60 o 70 años, tenía cara de llamarse Eleonor. Me contó un poco de su vida y yo de la mía. Ella toca el chelo y habla muy bien Inglés. Me contó que había vivido por un tiempo en Estados Unidos, nada más y nada menos que en el área de la bahía, un tiempo en San Francisco y luego en Palo Alto, un pueblo a 15 minutos de Mountain View donde estoy viviendo actualmente. ¿Coincidencia? ¿el destino? ¿Un ángel mandado por Dios? Amén. Me contó que trabajaba y tocaba en una sinfónica y desde ahí ayudó a jóvenes Venezolanos a convertirse en músicos profesionales.

Burbach, Francia.

El viaje estuvo tranquilo y sin contratiempos, nos detuvimos tres veces: las dos primeras para recoger a otros dos  muchachos y la última para poner gasolina y comer. Atravesamos muchos pueblos, la campiña francesa ya estaba lista para la llegada del invierno y en algunas partes ya había nevado. El tráfico estaba calmado y en partes había llovido a cantaros. 

Como a las seis de la tarde llegamos a París, la ciudad estaba envuelta en un caos total. el tráfico estaba super pesado, había un montón de calles cerradas y las protestas se habían tornado violentas: la policía lanzaba gases lacrimógenos, los manifestantes lanzaban  objetos voladores y encendían fuego en botes de basuras. Los sindicatos se declararon en paro indefinido hasta que el gobierno no cambiará de opinión sobre la reforma y amenazaron con bloquear por completo el País. Algunos manifestantes hasta exigian la renuncia de Macron. Por toda esta situación, la señora “Eleonor” me dijo que era imposible llevarme hasta el aeropuerto. Preocupada, pero tranquila porque al menos ya estaba en París me despedí de ella y le di las gracias. 

Uno de los muchachos que venía con nosotros intentó ayudarme y con google map terminé por encontrar un autobús que me llevaría directo al aeropuerto. Me senté a esperar en una parada un poco sola, oscura y con una persona sin hogar a mi lado. La hora en la que llegaría el bus llegó pero el bus no apareció. Ya me estaba desesperando y estaba supremamente cansada. En el lugar por donde estaba, había un montón de hoteles y muchos taxis, uno de los taxista atravesó la calle y me dijo que el bus no pasaría debido a las protestas y se ofreció llevarme hasta el aeropuerto por 60 euros, no lo pensé dos veces y me fuí con él.

El viaje hasta el aeropuerto fue caótico las calles estaban atestadas de carros, no se podía pasar por ningún lado y yo estaba muy cansada y con sueño. En una lucha constante entre dormirme y mantenerme despierta, llegamos al aeropuerto, le di los 60 euros, las gracias y mi alma por fin volvió al cuerpo. Entradas las 11 de la noche, solo me quedaba dormir en los pasillos del aeropuerto y esperar a que amaneciera para ir a los baños a cepillarme los dientes, lavarme la cara, cambiarme la ropa, hacer check-in y subirme al vuelo y completar mi regreso a casa. En el aeropuerto ya muchisimo mas tranquila me di cuenta que en la caida me habia raspado una rodilla y me mejilla me dolia, pero menos mal no tenia ningun hematoma.

El atardecer desde el vuelo de vuelta al nuevo mundo.

Emprendí mi vuelo a las 10 de la mañana hora de París, rumbo a  Seattle, Washington, una travesía sobre el océano atlántico que tardaría un poco más de 10 horas. Cuando aterricé me tocó pasar por migración y la larga fila me hizo perder el siguiente vuelo que me llevaría a San José, California. Al salir de migración con cara de loca y preocupada uno de los trabajadores del aeropuerto dijo que me tranquilizara que la aerolínea me asignaría en el siguiente vuelo a San José, cuatro horas más tarde, a las 9 de la noche llegué a Mountain View, sana, salva y muy orgullosa de mi.

Para el 17 de diciembre, la huelga en Francia ya llevaba 13 días, el transporte público y el comercio seguían paralizados y el apoyo de los ciudadanos se había incrementado. 27 días después, los sindicatos aún seguían en pie de lucha y el gobierno no parecía dar el brazo a torcer. El 2019 finalizó y ninguno de los bandos cedió. Comenzó el 2020 y el decreto de estado de emergencia debido al Covid-19 en Francia,  obligó al gobierno a ceder, temporalmente, paralizando las reformas para así evitar  protestas y por ende la propagación del virus.  

Y en Colombia a Iván Duque se le da por hacer una reforma en plena pandemia.

Publicado por MariaMargaritaAlvaram

Hola, soy Margui. Tengo 22 años y soy de Colombia. Mi vida ha estado llena de aventuras ultimamente y espero que te diviertas leyendolas.

2 comentarios sobre “DE VUELTA AL NUEVO MUNDO: BATALLA PARÍS.

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