UN HOMBRE HICOTEA EN ALEMANIA.

Plaza Schlossplatz, Stturgat, Alemania.
“Hombre Hicotea”, Jose Villegas Mier. San Marcos, Sucre, Colombia.

Mientras organizaba el viaje al viejo continente, recordé que un viejo amigo vivía en Alemania. No éramos amigos cercanos y  hacía mucho tiempo no hablábamos. Sin embargo, nos seguiamos en las redes sociales y siempre estaba pendiente de lo que compartia. Pensé mucho en si escribirle o no y me tomó algunos otros días para al fin decidirme y hacerlo. 

Luego de haber pasado por el París de García Márquez y el Ámsterdam de Ana Frank, aterricé  en Alemania por la invitación de este viejo amigo. Tome un vuelo de Amsterdam a Stuttgart. El país de las cervezas y la salchicha me recibió con un día soleado y con un idioma desconocido, pero sereno y envuelto en un ambiente navideño.  En las primera horas de haber llegada a mi último destino, me dedique a buscar el camino hacia un desconocido y pequeño pueblo a 45 minutos de Stuttgart, al sur de Alemania, donde “El Hombre Hicotea” me abrió las puertas de su casa. 

Entre más me alejaba del aeropuerto, la batería de mi celular se agotaba, al igual que las personas que hablaban Inglés y mi nulo conocimiento del nuevo idioma contribuyó a que me perdiera una y otra vez. Después de vagar entre trenes, estaciones y alemanes, llegué a mi destino. Agarré mi maleta morada y me paré junto a la puerta para salir tan pronto el tren se detuviera, temiendo no salir a tiempo.

Cuando las puertas se abrieron y descendí del tren, lo distingue al instante. Al parecer el ausente sol del caribe había dejado de besar su piel y estaba (la piel) más clara  que nunca y su acento costeño se había perdido casi por completo, dejando en su lugar un murmullo, a veces incomprensible. Pero era él, sin duda, lo supe tan pronto me encontró entre la multitud y con una mirada de vergüenza y felicidad me sonrió. 

Me hizo sentir en casa desde el primer instante, como siempre hace sentir hasta al más extrajero. Me dio de comer en su mesa, muy a pesar de que el menú no contenía bagre frito o una viuda de pescado con yuca y suero; me dio de beber mucha cerveza, aunque no eran nada parecido a una costeñita o a una club Colombia y a la hora de dormir me dio buenas sábanas para que no me quejará de que dormí en casa ajena y no tenía con qué abrigarme.

Al dia siguiente, me llevó a conocer la ciudad desde lo alto de una torre de comunicaciones a más de 200 metros de altura, con un viento arrasador y un frío implacable. Nos perdimos entre la multitud de un mercado, lleno de luces, música, comida y tiernos objetos navideños, mientras disfrutamos el recorrido con un vaso de vino caliente. Me presento a sus amigos Alemanes y Rumanos. Fuimos al cielo en una biblioteca en forma cúbica con once pisos, me llevó a varios museo para conocer más sobre Hitler y el Partido Nacional Socialista y entre viaje y viaje me contaba sobre la vida alemana, sobre sus viajes alrededor de europa y sobre sus sueños a futuro.

Yo lo escuchaba muy atenta, mientras al mismo tiempo contemplaba, sumergida en los primero vientos de inviernos a la Alemania de los libros de historia. Me deje contagiar de su escandalosa risa que hacía correr lágrimas de felicidad en mi rostro, pero también de su calor humano, su mamadera de gallo, su autenticidad y su luz. 

Los vientos de la vida llevaron a Europa a este “hombre hicoteas”, obligándolo a dejar su nido en busca de un futuro más prometedor. Su condición de anfibio le ha permitido acostumbrarse con facilidad a vivir en el agua o en la tierra. Los altibajos de la vida, han hecho de este “hombre Anfibio de las ciénagas sucreñas”, a este senti-pensante, según el sociólogo Orlando Fals Borda, un ser más seguro de sí mismo, más atrevido, más temerario, trabajador, sin dejar a un lado la diversion y el disfrute de la vida.

Donde quiera que vaya, ya sea a las playas de Marbella o a los Alpes suizos, este hombre hicotea, lleva las brisas del Caribe y el calor de la Mojana tatuados en su alma. También lleva esa luz que nos hace ser el pueblo más feliz del mundo, que ilumina los amaneceres durante la epoca de lluvias y los atardeceres en la epoca de sequia, que contagia, que alegra, que hace sentirte vivo y afortunado.

Después de mi breve recorrido por Alemania emprendí mi camino de vuelta a casa con el corazón hinchado de alegría y orgullo, ya que pude confirma que la magia de mi pueblo natal San Marcos, no está solo en su ubicación geográfica, si no, en su gente.

Publicado por MariaMargaritaAlvaram

Hola, soy Margui. Tengo 22 años y soy de Colombia. Mi vida ha estado llena de aventuras ultimamente y espero que te diviertas leyendolas.

2 comentarios sobre “UN HOMBRE HICOTEA EN ALEMANIA.

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