ACAMPANDO MIS SUEÑOS.

Parte 2

Ocho días después de haber visitado Yosemite por primera vez, volví. En esta segunda visita fui con mi familia de acogida,  el campamento se  estableció a 8000 pies de altura donde la familia de la hermana de mi host mom ya llevaba una semana acampando.

El viaje lo hicimos por el mismo camino que había tomado la vez pasada, pero en lugar de quedarnos en el valle, seguimos subiendo. El paisaje era majestuoso. Una carretera serpenteante y angosta recorría la montaña. El paisaje era de película y la altura me dejaba sin aliento. Gigantescos árboles nos arroparon a ambos lados de la carretera y de repente se extendían al horizonte pareciendo infinitos. En el camino vimos la vida después de la muerte, cuando atravesamos cementerios de árboles que habían sido arrasados por las llamas muchísimo tiempo atrás. El paisaje cambiaba por completo y esa zona gris y triste resaltaba entre la exuberante vegetación, pero aún así no dejaba de ser maravillosa.

A medida que nos acercabamos más al campground, los pinos, de vez en cuando, disminuían para darle paso a montañas de piedras y a lagos de aguas calmas. Las montañas más grandes que a lo lejos veía parecían indomables pero también indefensas, el sol del verano ya había derretido su glorioso manto blanco y las había dejado casi por completo desnudas. 

Sin embargo, no había ni rastro del cielo azul y el sol brillante que hacía en el valle de Yosemite, donde había estado el fin de semana pasado, y densas nubes  grises acapararon el cielo durante todo el fin de semana. Esta vez no hubo oportunidad para hacer hikings pero nos detuvimos en todos los point views, para admirar esta perfecta creación de Dios.

Cuando llegamos al campamento, estaba lloviendo a cántaros y el frío y el barrizal eran terribles. Se me entumencian los dedos y la ropa que llevaba no colaboró mucho para mantenerme abrigada. El clima estaba tan terrible que la familia de la hermana de mi hot mom agarraron sus artículos más valiosos y se fueron a dormir a su casa, (vivían como a dos horas del parque), y volvieron al día siguiente para recoger todo. Nosotros contra todo pronóstico nos quedamos.

A pesar de la lluvia, la altura y el frío había mucha gente acampando en este lado del parque. Algunos con sus casas rodantes y otros con sus tiendas. En comparación con el campground del fin de semana pasado, este era completamente diferente, no tenía duchas, ni cabañas y estaba mucho más adentrado en el bosque. Cuando la lluvia cesó comenzamos a explorar el campground y sus alrededores. El frío era acogedor y el olor a humo que salía de algunas hornillas y fogatas me hizo recordar las temporadas de lluvia en Sampués, cuando visitaba a mis tíos en la finca. La noche caía más temprano y contemplabamos el atardecer y las últimas gotas de agua arrinconados en la terraza, abrigados y a la espera que la tierra se escurriera un poquito más para no quedar atascados en el barro.

Cuando la tarde se acabó y nuestros estómagos comenzaron a rugir, buscamos un lugar donde comer. La lluvia ya había cesado por completo, el sol comenzaba a ponerse y un sereno viento enfriaba nuestras narices y nuestras orejas. Después de conducir por más de una hora encontramos un pequeño pueblo. Tanqueamos el carro con gasolina y entramos a un restaurante a comer. El ambiente afuera estaba tranquilo y silencioso y tan pronto entramos al restaurante, un golpe de luz y calor iluminó nuestro semblante. El olor a comida y el calor de la gente me hizo recordar que no estamos solos y que después de la tormenta siempre viene la calma.

Con el sol ya puesto y destellos anaranjados y morados aún iluminando el cielo, volvimos al campamento. La carretera estaba oscura y solitaria y solo podíamos ver la silueta de los árboles. Entre en medio de la oscuridad y del barrizal no quitamos los zapatos y nos fuimos a dormir. La noche fue terrorífica.

Como ya había mencionado anteriormente, estos campground consisten en un pedazo de tierra con una mesa de madera, una hornilla y una caja de metal para poner toda la comida. Está completamente prohibido dejar comida en el auto, las carpas o cualquier otro lugar que no sea la caja de metal. De no hacerlo puedes recibir una multa hasta de 1000 dólares. Todo esto a causa de los osos negros, quienes de dia o de noche bajan a los campground en busca de comida. Yosemite es un lugar plagado de osos negros los cuales no tienen ningún problema en acercarse a los humanos o romper la ventanilla del carro para cumplir con su obejtivo. Por esta razón  el parque está lleno de letreros con instrucciones de “Qué hacer si aparece un oso”. Es difícil toparse con uno pero no imposible. 

Era consciente de esta situación, sin embargo no creí que fuera tan seria o real y esto me llevó a tener una noche poco tranquila. Me costó conciliar el sueño y cada ruido que escuchaba pensaba que era un temible oso hambriento y feroz. Recordaba una y otra vez si había sacado toda la comida del carro, si la había metido toda en la caja de metal, si había quedado algún plato sucio o restos de comida en algún lado que no había visto…

Finalmente no pasó nada, el día amaneció nublado y de vez en cuando llovía. Volvimos a explorar nuestros alrededores, el día estaba fresco y todo se veía el doble de majestuoso que el día anterior. Caminamos entre los pinos bañados por la lluvia, el prado de un color verde más claro que los pinos se levantaba al lado del río que en algunas partes corría veloz y en otras tranquilo. El agua era clara, se podían ver las piedras y las plantas, pero arrisca y  te entumecia los dedos con tan solo acariciarla.

Así estuvimos todo el día conduciendo y parando donde la naturaleza nos llamara para admirarla, para sacarle fotos, para echarle uno que otro piropo pero sobre todo para hacernos sentir parte de ella. 

Una experiencia maravillosa la cual me encantaría repetir. Las fotografías no son ni la mitad de increíble de lo que son los lugares en vivo y en directo. Sin embargo, me encantó la experiencia, era justo lo que me imagine, incluso dos veces mejor.

Publicado por MariaMargaritaAlvaram

Hola, soy Margui. Tengo 22 años y soy de Colombia. Mi vida ha estado llena de aventuras ultimamente y espero que te diviertas leyendolas.

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