¡ADIOS, ME VOY!

Por: Maria Margarita Alvarez Ramos

Con un nudo en la garganta y un vacío en el estómago, le dije a mis papás “Me voy”, después de enterarme, que desde mi condición de estudiante universitaria había una oportunidad de salir del país, trabajar, conocer una nueva cultura, aprender un nuevo idioma, viajar y salir de mi zona de confort, a través de experiencias maravillosas y a veces aterradoras que me harían llorar, extrañar a mi mamá, querer volver a casa, pero al mismo tiempo me convertirían en un ser humano más seguro y valiente.

En 2016, mientras cursaba cuarto semestre de la licenciatura de lenguas extranjeras en la Universidad de Sucre, me enteré del programa de AuPair. Nos reunieron en el auditorio de la universidad, esa tarde, y luego de unos minutos de espera una señorita comenzó la presentación. Explicó la temática del programa, cómo funcionaba, beneficios, costos y una que otra experiencia propia y anécdotas, ya que ella había sido una Au pair.

Universidad de Sucre, 2018.
Universidad de Sucre, 2018.
Universidad de Sucre, 2018.

Para cuando terminó la presentación, mi corazón latía ferozmente y mi cabeza daba vueltas de tantas preguntas que tenía. Estaba deslumbrada por el hecho de saber que oportunidades como estas existían y que no tenía que esperar a terminar mi carrera, conseguir un buen trabajo, un esposo, casarme, tener hijos, educarlos y pensionarme, para poder viajar a otro país.

Levante la mano una y otra y otra vez hasta que fui la única estudiante haciendo preguntas en todo el recinto. Salí del auditorio flotando en tersas nubes de algodón imaginando que algún día podría estar tomando un vuelo con rumbo a New York. Mi investigación sobre el programa no quedó solo ahí y gracias a el internet y las redes sociales  tuve la oportunidad de leer mucho más sobre el programa. Malas y buenas experiencias, consejos, advertencias y seguir el día a día de niñas que ya estaban viviendo en los Estados Unidos.

Esa misma noche, le conté a mis papás sobre el programa y mi mamá poco convencida me dijo que me tomara mi tiempo y lo pensara bien, y que cualquiera que fuera mi decisión ellos me apoyarían. 

Tomé la decisión de esperar porque me sentía muy insegura con mi Inglés, en especial al momento de hablar. Deseaba tener la fluidez con la que hablaban algunos de mis compañeros de clase y poder expresar mis ideas y puntos de vistas, que eran tantos. No entendía como podía escribir de manera fluida, natural y sencilla, pero a la hora de hablar se me olvidaban las palabras, me tomaba mucho tiempo organizar mis ideas y entraba en pánico cuando no recordaba la correcta pronunciación.  Desafortunadamente, esa perfecta fluidez que tanto quería no tocó mi puerta. A pesar de ellos, cuando el 2018 tomó forma, llena de inseguridades y miedos, le anuncié a mis papás mi decisión: me mudaría a los Estados Unidos. 

Aeropuerto los Garzones, Monteria, Cordoba.
New york, Enero 2019.
Time Square, New York.

Antes de partir todo a mí alrededor era un torbellino de emociones andantes, que no le dio cabida a la tristeza. Los sentimientos encontrados y el comienzo de una nueva aventura me mantuvieron en vela muchas noches. Fui muy agradecida por la ayuda, el empuje, lo aprendido y lo gozado. Saboree cada momento como si fuera el último y valoré mucho más a estos increíbles seres humanos que tengo a mi alrededor. Los abrace con fuerza, largo y tendido, sintiendo los latidos de sus corazones latiendo al ritmo con el mio, no perdí una oportunidad para decirles cuánto significan para mí y finalmente les dije hasta luego.

Con pasaporte en mano, abandoné la sala de espera rumbo a lo desconocido. Rumbo a New York. El futuro sería incierto, aunque tuviera todo fríamente calculado, y solo me quedaba respirar profundo y confiar. Ahora iba a ser solo yo, a cargo de mi misma, en un nuevo país, inmersa en un montón de culturas, acentos, color y sabores. El momento perfecto para demostrarme de lo que era capaz.

South Lake Tahoe, CA.
Davis, CA.

Al pisar territorio Norteamericano, la capacidad de sentir miedo y angustia por las cosas más insignificantes fue en aumento, pero… ¿Quién dijo que las primeras veces son fáciles? Fácil se volvió cuando me di cuenta que todo es igual que en casa solo que en una proporción más grande y con un impacto personal más profundo.

Las recetas de mamá, la playlist de amanecida y las relaciones que cree con mis amigos, han sido mis mejores aliados para no sentirme tan lejos de casa. Sin embargo, en esta nueva casa he aprendido nuevas recetas, he bailado nuevas playlist y he adquirido nuevas tradiciones, sin olvidar mis raíces y por ende poner a todo el mundo a bailar champeta y comer patacón con queso. En efecto, me he sentido más orgullosa de mis raíces y me ha tomado por sorpresa la piel de gallina y el ojo aguado al escuchar una canción, un acento familiar o incluso un olor.

Oracle Park, San Francisco, CA.
Google Complex.
Little Italy, San Francisco, CA.

Los primeros días fueron una montaña rusa de nuevas experiencias, pero sobre todo de nuevos retos. New york casi me mata con una temperatura de menos un grado centígrado; Lloré por no saber cómo tanquear el carro con gasolina; hice snowboarding a 6000 pies de altura, forcé mis cinco sentidos para poder entenderles a mis interlocutores, quienes con fuertes y marcados acentos trataban de contarme quienes eran y que les gustaba; probé un montón de comida nueva, y el pescado crudo y el sushi entró en mi lista de comidas favoritas. Me adapté a esta nueva vida con facilidad y enfrente todas las situaciones como adulta, aunque era vista ante todos como una adolescente.

A lo largo de casi dos años viviendo en los Estados Unidos, me volví más valiente, más capaz, la confianza en mí misma ha crecido descomunalmente y disfruto de la soledad y de mi compañía. Mi Inglés mejoró muchísimo y soy capaz de hablar con seguridad y sin miedo. Ahora participo en clase, expreso mis ideas o puntos de vista, me autocorrijo con facilidad,  tomó más tiempo de lo debido para organizar mis ideas y no me siento culpable por ello; tampoco me averguenzo de mi acento, costeño y bien marcado, que para algunos parece exótico y para otros una abominación. 

Hace unos días caí en cuenta que este viaje está llegando a su fin. Así que tú que estás del otro lado de la pantalla, queriendo comenzar algo nuevo, a punto de hacerlo, en medio de ello o quizás al final, como yo,  aprovecha cada momento, cada oportunidad y disfruta como si fuera la última vez… porque la única verdad, es que no sabrás si fue la última vez.

“Nunca digas adiós porque adiós significa irse y marcharse significa olvidar.”

J.M. Barrie

@diariodeunaflorsedienta en Instagram.

Publicado por MariaMargaritaAlvaram

Hola, soy Margui. Tengo 22 años y soy de Colombia. Mi vida ha estado llena de aventuras ultimamente y espero que te diviertas leyendolas.

2 comentarios sobre “¡ADIOS, ME VOY!

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